Anales. Libros I-VI by Cornelio Tácito; José L. Moralejo (ed.)

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Entretanto, unos manípulos80 que habían sido enviados antes de comenzar la sedición a Nauporto, por razón de los caminos, puentes y otras necesidades, una vez que se enteraron del motín ocurrido en el campa­ mento, arrancan los estandartes, saquean los pueblos vecinos, y el propio Nauporto, que tenía carta de mu­ nicipalidad81; a los centuriones que tratan de conte­ nerlos los vejan con risas e insultos y, al cabo, también con golpes, con especial encono contra el prefecto de campamentoS2, Aufidieno Rufo, al que sacan de su vehículo, lo cargan de bagajes y lo hacen marchar a la cabeza de la formación preguntándole en son de escarnio si soportaba a gusto tan enormes pesos, tan largas caminatas.

10 En batalla naval, entre Milas y Náuloco, en el 36 a. ; Sexto Pompeyo era hijo del rival de César; véase S uetonio , Augusto 16, 1. 11 Lépido quedó pronto al margen del triunvirato; Antonio se suicidó en el año 30 en Alejandría, sitiada por Augusto tras la batalla de Accio. 12 Se refiere, naturalmente, al que luego será Augusto, hijo adoptivo de su tío-abuelo Julio César. 13 Tácito reproduce probablemente, y no sin ironía, pala­ bras literales de Augusto; véase nota 41. 46 2 ANALES con las delicias de la paz, se fue elevando paulatina­ mente; empezó a tomar para sí las prerrogativas del senado, de las magistraturas, de las leyes, sin que nadie se le opusiera, dado que los más decididos ha­ bían caído en las guerras o en las proscripciones, los que restaban de los nobles se veían enaltecidos con riquezas y honores en la misma medida en que se mostraban dispuestos a servirle, y encumbrados con la nueva situación preferían la seguridad presente al problemático pasado.

Los golpes y heridas, la dureza del invierno, las fatigas del verano, las atro­ cidades de la guerra o la esterilidad de la paz eran algo sempiterno. No había, pues, otra solución que la de que se entrara en la milicia bajo condiciones esta­ 71 Estos tiempos de servicio en filas, desmesurados para una mentalidad moderna, están acreditados por la documenta­ ción complementaria. Se había llegado prácticamente al tipo del soldado profesional, aunque no fuera voluntario. Augusto fijó en dieciséis años el tiempo de permanencia en filas, aunque de hecho la limitación no parece haber sido cumplida.

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